SOCIEDAD. APRENDIÓ A SUMAR A LOS TRES AÑOS.
Una mente brillante
‘Así como Panamá ya tiene una medalla de oro en las Olimpiadas, pronto contará con otro científico en la NASA’: Bruno.
| LA PRENSA/David Mesa |
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Shelmar Vásquez Sween
Sencillo, extrovertido, conversador y en extremo soñador. Así es Bruno Torres, un joven de 17 años que vive en una humilde casa del sector 16 de la Ciudad Jardín Las Mañanitas, corregimiento de Tocumen.
A simple vista parece un chico común, pero desde que tenía tres años su familia se percató de que había sido bendecido con una mente prodigiosa.
A esa edad, Bruno no tenía idea del porqué la gente a su alrededor hacía tanto alboroto por su conducta. Sin embargo, al llegar a los cinco o seis años entendió que tenía un don natural que le daba la facultad de decodificar, en cuestión de segundos, cualquier información; habilidad que le permite ver la esencia pura de las cosas.
Así aprendió a sumar, multiplicar, restar y leer desde que tenía tres años. Y aquellos poemas de siete y ocho párrafos que los niños empiezan a estudiar al entrar a segundo grado, Bruno se los aprendía en un abrir y cerrar de ojos a los cuatro años.
Hasta aquí no llegan sus logros. A los 13 años, su alto coeficiente intelectual condujo sus pasos hacia la Administración Nacional de Aeronáutica Espacial (NASA, por sus siglas en inglés).
Sólo mencionar el tema hace que su rostro se ilumine, sus ojos brillen y la risa le salga de forma frecuente y espontánea, casi incontrolable. “Se puede decir que el estar allí superó mis expectativas”.
Cuenta el joven que su visita se centró en la subestación especializada en estudios lunares, en donde la tecnología robótica está a la orden del día.
El instrumento que más le llamó la atención y tuvo la oportunidad de operar fue el acelerador de partículas lineal, aparato que utiliza campos electromagnéticos para explorar el mundo en búsqueda de elementos fundamentales de la materia.
“En cuestión de estudios me aburro con facilidad, porque si hoy me enseñan un problema y mañana ya lo sé resolver, no quiero hacerlo más. Pero en la NASA vi un mundo diferente, un lugar al que quiero llegar para quedarme”.
A su edad, Bruno estaba consciente de que no podía formar parte del equipo de investigadores espaciales. Pero le aseguraron que tenía grandes posibilidades de llegar a cumplir su deseo si aplicaba a las pruebas de admisión norteamericanas después de terminar su escolaridad, pues su paso por la NASA dejó huellas de su ingenio y capacidad.
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