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Sinaí, al fin en el mapa

La cobertura que recibe la Ruta Quetzal fue usada por los habitantes de un pueblo que expresaron sus aspiraciones.

Carmen Fernández de Vega
cfernandez@prensa.com
CELEBRACIÓN. El pueblo wounaan se volcó en enseñar su cultura a los visitantes. LA PRENSA/Carmen Fernández de Vega

27/06/2013 - Tuvieron que llegar 225 expedicionarios de la ruta Quetzal BBVA al pueblo emberá-wounaan de Sinaí, para que aparecieran referencias de este lugar en las noticias de Google.

La autoridad del poblado, Eduardo Mejía, aprovechó el micrófono que le brindaron periodistas de El País y la agencia de noticias EFE para pedir una carretera asfaltada, en el trayecto de 11 kilómetros que une las poblaciones de Playona, a orillas del río Chucunaque, y Sinaí, dos pueblos de la provincia de Darién. Una promesa, que dice, le hicieron los políticos hace casi cinco años y aún no se ha cumplido.

La distancia entre ambos asentamientos les tocó recorrerla a pie a los jóvenes de 53 países que componen la expedición de este año de la Ruta Quetzal. El viaje sigue los pasos que diera Vasco Núñez de Balboa por Darién hace casi 500 años.

Una veragüense, Arleny Marcos, representante nacional en la edición XXVIII de este programa educativo, se quejó del estado lamentable del camino.

Los jóvenes llegaron a Sinaí con barro hasta las rodillas, y los pobladores se ofrecieron a prestarles ropa y sandalias limpias. “Nosotros no hacemos ese camino a pie con la temporada lluviosa, tenemos que esperar el verano para poder transitarlo”, explicaba Mejía.

El pueblo indígena había sido adecentado para la ocasión. Era su oportunidad para demostrarle al mundo que ellos pueden ofrecer turismo del bueno. Y el entorno era idílico. Naturaleza y río a la puerta de casa, sin carros y solo los sonidos de la naturaleza.

Varias viviendas construidas con madera se convirtieron en restaurantes de campaña improvisados, donde se suministró comida a los jóvenes. Las mujeres que prepararon la cena reconocían que nunca antes habían tenido tantos comensales a la mesa. Su autoridad calcula que la visita de la expedición internacional dejaría a sus habitantes más de 4 mil dólares.

Después del largo viaje a través de la selva de casi 10 horas y 11 kilómetros, los jóvenes acamparon en el pueblo. A la mañana siguiente, Litzandar Louda, el joven darienita que participa en la aventura, se convirtió en guía de las costumbres de su pueblo y explicó, por ejemplo, a sus compañeros europeos qué significaba “sancochar” en el taller de cocina de leña.

El pueblo wounaan se volcó en enseñar su cultura y abrirse al mundo durante las horas que duró el campamento. Hubo talleres de biología, pintura corporal con tagua, pesca y caza, cocina y danzas populares. Y por la noche escucharon historias y disfrutaron de las danzas populares, como la danza del gallote, alrededor de la hoguera de San Juan, fiesta popular que se celebra en España cada 23 de junio a las 12:00 a.m., y corresponde su noche más corta del año.

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